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El riesgo país cerró este viernes en 519 puntos básicos, prácticamente sin cambios en la rueda (+1 bp), pero con una dinámica mucho más relevante cuando se amplía el foco. En la semana, el indicador comprimió 34 puntos básicos y consolidó una baja sostenida y sin rebotes.
En el mes, la caída se profundizó a 91 puntos básicos, lo que marca una compresión agresiva del spread soberano y lo deja nuevamente en niveles mínimos y cercanos a los de enero.
En ese contexto, los bonos soberanos cerraron la rueda al alza. En la curva de ley extranjera, los globales mostraron avances en torno al 0,4% en el día, con mejor desempeño en el tramo medio y largo. Papeles como GD35, GD38 y GD41 volvieron a concentrar la demanda, en una señal de que el mercado estira duration.
En el balance semanal, los globales acumularon subas del orden de 1,5% a 1,7%, mientras que en el mes ya avanzan más de 3%. La compresión de tasas acompaña este movimiento, con TIRs que en el tramo largo ya se ubican en la zona de 9,3%–9,5%, y el tramo corto operan más cerca del 7%.
En los bonares el movimiento también fue positivo, aunque con mayor dispersión. Hubo subas más marcadas en la rueda, en algunos casos por encima del 2%, y un buen desempeño semanal. Con relación con la deuda emergente, la Argentina volvió a mostrar un desempeño superior.
Mientras el resto del universo EM operó más condicionado por tasas globales todavía elevadas, los bonos argentinos profundizaron la compresión de spreads.
Por un lado, hay factores locales que empujaron la mejora como la compra de dólares por parte del Banco Central, el apoyo del FMI y expectativas de financiamiento; por otro, el país mantiene su carácter de activo de alto beta, lo que amplifica los movimientos cuando el apetito por riesgo reaparece.

La renta variable
Los ADR argentinos en Wall Street cerraron con mayoría de bajas, en una rueda donde el rojo fue bastante generalizado y con mayor presión en el segmento energético. A contramano del mejor clima global, los papeles locales mostraron debilidad y evidenciaron un desacople respecto de los principales índices de Nueva York.
Dentro de las energéticas, YPF lideró las pérdidas con una caída de 3,1%, seguida por Transportadora de Gas del Sur con 2,4% y Pampa Energía con 2,3%. Edenor también retrocedió 1,9%. El movimiento va en línea con la baja del petróleo, que recortó el impulso de corto plazo en el sector después del rally previo.
Los bancos tampoco escaparon a la corrección. Grupo Financiero Galicia cayó 2,3%, Supervielle 1,1% y BBVA 0,7%. En otros sectores, Central Puerto cedió 1,2%, IRSA 1,2% y Loma Negra 0,9%.
La única excepción relevante fue Banco Macro, que logró cerrar en terreno positivo con una suba de 0,5%, destacándose en una rueda donde prácticamente todo el panel operó en baja.
Las acciones energéticas del S&P Merval cerraron el viernes con una dinámica mixta, aunque con predominio de bajas, en una rueda condicionada por la caída del petróleo.
El ajuste del Brent desde niveles superiores a u$s100 hacia la zona de u$s90 impactó principalmente en las compañías más expuestas al precio del crudo, que venían liderando el rally previo.
En ese contexto, YPF retrocedió -2,46% y Pampa Energía cayó -1,98%, mientras que TGS profundizó la baja con un -2,68%.
Del pánico energético a la euforia del mercado
TSA Bursátil señaló que la dinámica financiera global atravesó una semana de alta sensibilidad geopolítica, marcada por el flujo de noticias en torno al conflicto entre Estados Unidos e Irán. “Lo que comenzó como una crisis potencial de suministro energético terminó en un escenario de optimismo para los activos de riesgo”, señaló el broker.
Recordó que la semana se inició con la decisión del gobierno estadounidense de restringir el tránsito en el Estrecho de Ormuz, habilitando solo el paso de buques no vinculados a Irán.
“Esta medida impulsó al Brent por encima de los u$s 100, reavivando temores inflacionarios y presionando a la baja a los futuros de acciones globales ante el riesgo de un shock energético prolongado”, dijo el broker.
Sin embargo, el escenario comenzó a revertirse con el retorno de la diplomacia. Un “principio de acuerdo” gestado en Pakistán permitió una estabilización progresiva de los precios, que terminó de consolidarse con la confirmación de la reapertura total del Estrecho.
Por su parte, Auxtin Maquieyra, gerente comercial de Sailing Inversiones, señaló a El Cronista que esta semana los bonos soberanos mostraron una mejora consistente, en línea con la fuerte baja del riesgo país, “lo que indica que el mercado empezó a exigir una prima menor para volver a tomar exposición a Argentina”.
Detrás de este movimiento el estratega identificó una combinación de factores: “El cierre de la negociación con el FMI por un desembolso de u$s 1000 millones, una menor percepción de estrés financiero en el corto plazo y la expectativa de una mayor capacidad oficial para sostener el frente cambiario y la acumulación de reservas”.
En este sentido, adviertió que más que un cambio estructural ya consolidado, lo que se observa es una compresión de spreads apoyada en una mejora de expectativas.
Hacia adelante, consideró que la dinámica podría seguir favorable, aunque difícilmente mantenga la misma velocidad. En escenarios donde el riesgo país cae de forma acelerada, el mercado suele demandar nuevas validaciones.
Y agregó: “Avances en la acumulación de reservas, continuidad del orden fiscal, menor incertidumbre política, tanto interna como externa, y señales claras de sostenibilidad de esta mejora en el tiempo. Por eso, plantea que el escenario más probable no es una suba lineal de los bonos, sino una etapa de compresión más gradual, alternada con ruedas de toma de ganancias”.
Pedro Moreyra, director de Guardian Capital, advirtió que, si bien el proceso de compresión del riesgo país sigue vigente, hacia adelante empiezan a aparecer límites claros.
Según su visión, los fundamentos actuales de Argentina justificarían un riesgo país más bajo, pero ese escenario choca con un factor clave: “La incertidumbre política de cara a las elecciones presidenciales, a menos de 18 meses de distancia”.
En ese contexto, Moreyra anticipó que el mercado comenzará progresivamente a incorporar ese riesgo electoral en los precios. "Esto implicaría una ampliación de spreads entre bonos y una mayor prima de incertidumbre, a medida que avance el calendario".
Opinó que si bien abril todavía muestra condiciones favorables para sostener la tendencia actual, desde Guardian consideran que será cada vez más difícil mantener una compresión sostenida del riesgo país en los próximos meses, justamente por el peso creciente del frente político.
Wall Street ignoró la guerra y anotó a nuevos máximos
Wall Street cerró con fuertes subas y extendió el rally de abril, impulsado por un giro claro hacia el “risk-on”. El S&P 500 avanzó 1,2% y encadenó su tercera semana consecutiva con ganancias superiores al 3%, mientras que el Nasdaq 100 prolongó su racha alcista a 13 ruedas, en máximos históricos, traccionado por el sector tecnológico.
El principal catalizador fue geopolítico con la reapertura del Estrecho de Ormuz y las expectativas de un acuerdo entre Estados Unidos e Irán desactivaron el riesgo de un shock energético prolongado. En ese contexto, el petróleo cayó por debajo de los u$s 90, el dólar se debilitó y los rendimientos de los bonos del Tesoro retrocedieron, un combo que favorece directamente a los activos de riesgo.
A ese impulso se sumaron factores de fondo que ya venían sosteniendo el mercado: una temporada de balances mejor de lo esperado, el renovado entusiasmo por la inteligencia artificial, especialmente en semiconductores, y la expectativa de que la Reserva Federal (Fed) vuelva a recortar tasas antes de fin de año.
Así, el mercado pasó de cubrir riesgos a volver a tomar exposición. La guerra dejó de ser el driver dominante y el foco empieza a girar nuevamente hacia fundamentos. Eso sí: el rally se sostiene sobre expectativas todavía frágiles, por lo que cualquier ruido en el frente geopolítico o monetario puede volver a meter volatilidad.
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