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La Unión Industrial Argentina (UIA) le apuntó al presidente Javier Milei por sus dichos contra la industria y arremetió que “no existe ninguna denuncia ni delito” sobre las acusaciones del mandatario.
Es la segunda respuesta de la central industrial al presidente luego de que volviera a acusar al presidente del Grupo Techint, Paolo Rocca, de amenazar con liquidar dividendos si no se aceptaban los precios del grupo para los tubos sin costura e insistió en el Argentina Week con que tanto Rocca como el presidente de Aluar, Javier Madanes Quintanilla, era empresarios prebendarios que hacían acuerdos con políticos corruptos. Por último, el mandatario sumó: “Quienes defienden la industria nacional son unos chorros”.
La central comandada por Martín Rappallini, quien viajó también a la Argentina Week, consideró que las descalificaciones públicas a quienes producen no contribuyen a la convivencia democrática y el clima de negocios y agregó: “Más aún cuando no existe ninguna denuncia ni delito que involucre a las personas o sectores que han sido objeto de estos agravios, tratándose simplemente de una opinión que, al provenir de la máxima autoridad del país, adquiere una relevancia institucional inevitable“.
La entidad expresó su “profundo malestar y preocupación” por las declaraciones del presidente al referirse a los defensores de la industria con expresiones que creen “injustas e infundadas y distorsionan el rol que ha tenido la industria en la historia”.
El sector, subrayan, atraviesa un momento difícil por la caída de las ventas y de la actividad económica.
“Cuando desde la máxima investidura institucional se utilizan expresiones que descalifican a quienes producen e invierten, se genera un agravio injusto hacia ese esfuerzo cotidiano y se debilita el clima de respeto que la Argentina necesita reconstruir”, sumaron desde la organización.
En el medio de la semana en la que el Gobierno busca concretar anuncios de inversión en la economía real, la UIA advirtió que “los inversores observan no solo las oportunidades económicas, sino también la calidad de la convivencia democrática, el respeto institucional y el clima de negocios que ofrece el país. Las descalificaciones públicas hacia quienes producen y generan empleo no contribuyen a consolidar ese camino”.
El comentario va en línea con algo que circula en la industria, en particular en referencia a Rocca. El jefe de la T opera en al menos 45 países, y tiene vínculos con grandes empresas productoras de hidrocarburos en el mundo. Quienes conocen las formas del pope industrial sostienen que Rocca suele ser consultado sobre Argentina por parte de interesados en invertir en el país.
El jefe de Gabinete, Manuel Adorni, intentó bajarle el volumen al conflicto abierto con el empresariado. “Hay que tomar también todo lo que él habla sobre ese tema porque, en definitiva, los pone como ejemplos de cómo la corrupción del funcionario que se ponía de acuerdo con un empresario para generar un beneficio mutuo para ellos y no para el resto de los argentinos no va más en la Argentina”, explicó el jefe de Gabinete durante la entrevista en Cuentas Claras, el programa de El Cronista Stream.
Tensiones industriales
La semana pasada fue la primera respuesta de la UIA a las críticas del presidente. Entonces plantearon que “sin industria no hay Nación” y reclamaron que haya “respeto” para quienes producen.
El comunicado de esta semana le subió el tono.
La entidad se encontraba atravesada por una tensión, marcada por los reclamos de las centrales regionales, que pedían mayor firmeza en los reclamos ante la caída de la actividad que atraviesa a los principales centros productivos del país.
Las filiales locales advierten por un “proceso de desindustrialización que pone en riesgo la subsistencia del entramado productivo local”.
Lo cierto es que la UIA, más allá de los cruces con el presidente, mantiene una agenda de diálogo abierta con el Gobierno nacional, con su principal terminal en el ministro de Economía, Luis Caputo. En el último encuentro, la central fabril envió una serie de propuestas para el análisis del Ejecutivo con las que espera que se puedan reactivar las ramas en situaciones más complicadas, como las vinculadas a la construcción, además de aspirar a una recuperación del financiamiento.
Cambios jerárquicos
En esta misma lógica se dio el cambio en la dirección ejecutiva del organismo. El histórico director, Diego Coatz, quien estuvo más de 20 años en la UIA, dejó la entidad. Fue reemplazado en su cargo por María Laura Bermúdez, quien ya había tenido un paso por la UIA y más recientemente se desempeñó como directora ejecutiva de la Unión Industrial de la Provincia de Buenos Aires (UIPBA), central de la que surgió Rappallini y cuya presidencia ejerció entre 2018 y 2021.
Desde la central fabril explicaron que el cambio fue para “fortalecer los vínculos con los actores del sistema productivo y las autoridades nacionales”.
Algunos miembros de la central sostienen que coincide con una decisión de que la entidad empiece a “mostrar los dientes”.

















