El sistema financiero está pendiente -y un poco impaciente, a decir verdad- de una reforma que debería dar vuelta como una media al mercado de capitales.
El 1° de junio deberían estar instrumentados los fondos de asistencia laboral (FAL), que se nutrirán con una porción de los aportes patronales para financiar el pago de futuras indemnizaciones.
La reforma surgió con la Ley de Modernización Laboral. Está objetada en la Justicia por la CGT, pero en el mercado se quejan de las demoras en la instrumentación oficial.
Todavía está en veremos, a la espera de decretos del Ministerio de Economía y resoluciones de la CNV. La Comisión Nacional de Valores debe dictaminar en qué instrumentos podrán invertirse los fondos que pertenecerán a las empresas pero que no podrán afectarse a otros destinos que indemnizaciones futuras.

Los protagonistas son las sociedades gerentes de fondos comunes de inversión (FCI).
Las pymes presentan un desafío ya que por escala e información deberán adoptarlo en forma menos dinámica.
Para el propio Tesoro será una fuente de financiamiento continua, algo necesario como se puede apreciar en las licitaciones de bonos por Economía y en la estructura que está diseñando el Gobierno para hacer frente a los vencimientos de deuda y que se difundió este jueves en Washington, con asistencia del Banco Mundial.
Alexis Billone, CEO de IEB Fondos, una de las Alyc que picó en punta con la decisión, explica que el incentivo para las empresas es que los rendimientos del fondo están exentos de Ganancias e IVA.
“En un entorno donde la tasa en pesos sigue siendo elevada, el capital acumulado crece con una eficiencia que pocas alternativas de inversión corporativa pueden igualar”, explica Billone.
El régimen implicará un flujo nuevo y recurrente de demanda de instrumentos financieros de u$s 2000 millones anuales.
Los aportes provendrán del 1% de los aportes patronales de grandes empresas y el 2,5% de los de las Pymes.
Se estima que 80% de los FAL se invertirán en instrumentos líquidos como los bonos del Tesoro.
Los depósitos de los empleadores serían transferidos directamente desde ARCA a las gerenciadoras de los FAL que elija cada empresa. Con eso, aseguran en el sector, se garantizará la trazabilidad de los fondos, que en última instancia tienen implícito un beneficio fiscal.
Quedan numerosísimos detalles por definir del sistema. Una oportunidad que el mercado está dispuesto a abrazar
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